Page 437 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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y no se apañaba de mi mente la imagen de él
bajando el sombrío, escarpado, tortuoso sendero
que conducía al pueblo y al mar, a través de la
espesura del bosque, llevando consigo una luz.
Pero me embargaba cierta perplejidad al pensar
en ello, en un intento de encajarlo con el olor de la
iglesia, los trozos de conversación que había
escuchado y el rumor de la claridad a medianoche.
Y aunque Penvro no está muy poblado, ni mucho
menos, se me ocurrió ir a un lugar solitario
llamado Punta del Viejo Campamento, que mira
hacia Cornualles y el gran piélago que se extiende
hasta los confines del mundo, un sitio donde la
clara visión tal vez podría venir acompañada de
fragmentos de sueños, o al menos eso lo parecían
entonces.
Hacía algunos años que no había vuelto por la
Punta. La última vez, en una anterior visita a los
acantilados, seguí una senda escabrosa y difícil.
Esta vez elegí un camino más hacia el interior, que
el plano del condado parecía recomendar, aunque
sin convicción, por lo que se refiere a la última
parte del viaje. De modo que me interné tierra
adentro y ascendí los caminos vecinales bajo los
ardorosos rayos de un sol estival, hasta llegar por
fin a un sendero, cada vez más cubierto de césped
y hierbas crecidas, que en su parte más elevada
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