Page 342 - La Penúltima Verdad - Philip K. Dick
P. 342
La penúltima verdad Philip K. Dick 342
natural, teníamos instalado un sistema de alarma, que
nos despertó exactamente a las cuatro de la madrugada.
¿Qué tal le ha ido?
Vio entonces el cilindro de aluminio en manos de
Nicholas.
‐¡Lo consiguió! ‐gritó Haller.
Nicholas repuso:
‐Sí, lo conseguí. ‐Tendió el cilindro a Jorgenson y se
volvió para ayudar a Adams, que salía del túnel, a bajar
hasta la abarrotada estancia‐. ¿Qué hay de Dale Nunes?
¿Ha denunciado mi fuga?
‐Nunes ha muerto ‐contestó Jorgenson‐. Como
consecuencia de un accidente de trabajo. En los talleres de
la última planta, donde estaba... en fin, ya sabe,
instándonos a una mayor producción. Se acercó
demasiado a un cable de alta tensión y, por el motivo que
fuese y que ahora no recuerdo... En fin, que el cable no
estaba debidamente protegido.
‐Y entonces un estúpido empujó sin querer a Nunes,
haciéndole caer sobre el cable. Quedó instantáneamente
electrocutado ‐agregó Haller‐: Ya lo hemos enterrado.
Había que escoger entre esto, o denunciar la desaparición
de usted.
‐Y luego, en su nombre ‐dijo Jorgenson‐ y haciendo
como si aún estuviese aquí, enviamos un informe oficial
a Estes Park, pidiendo otro comisario político para
sustituir al comisario Nunes. Naturalmente,
342

