Page 343 - La Penúltima Verdad - Philip K. Dick
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La penúltima verdad Philip K. Dick 343
manifestamos el sentimiento que nos había causado su
muerte.
Se hizo un súbito silencio, que Nicholas rompió para
decir:
‐Voy a llevar el artiforg a Carol ‐y luego, dirigiéndose a
todos, dijo‐: No lo he traído para que podamos
cumplimentar nuestro cupo, sino únicamente para salvar
a nuestro querido amigo Souza. Para devolverle la vida.
Los cupos han terminado.
‐¿Qué dice? ‐preguntó Jorgenson, extrañado‐. ¿Qué ha
encontrado allí arriba? ‐Reparó entonces en Adams,
dándose cuenta de qué Nicholas no había regresado solo‐
. ¿Quién es ése, puede usted explicárnoslo?
Nicholas contestó:
‐Lo haré cuando me dé la gana.
‐Aún es presidente del tanque ‐observó Flanders a
Jorgenson‐. Podemos esperar hasta que le dé la gana; lo
importante es que ha traído el páncreas. ¿Quieres que
además de eso nos suelte ahora un discurso?
‐Era simple curiosidad ‐cedió Jorgenson.
‐¿Dónde está Carol? ‐preguntó Nicholas, mientras
cruzaba el grupo de hombres seguido de Joseph Adams,
encaminándose a la puerta del almacén. Llegó ante ella,
asió el picaporte y...
La puerta estaba cerrada con llave.
Jorgenson observó:
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