Page 226 - Un caso de conciencia -James Blish
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con  barbas  como  de  gallo  que  mudaban  de  color


             incesantemente, manos pequeñas semejantes a garras

             y que parecían capaces de rebanarle a uno como a un


             polluelo, una cola que se agitaba de un lado a otro y

             que  barría  los  ceniceros  de  las  mesas,  y,  sobretodo,

             unas carcajadas que más parecían rebuznos y una voz


             estridente que pronunciaba el inglés con tan aséptica

             dicción y mesura que Aristide se sintió como uno de

             aquellos  toscos  campesinos  sicilianos  de  piel  curtida


             recién  llegado  a  la  gran  ciudad.  Además,  cuando  el

             litino  hizo  acto  de  presencia,  sólo  él  había  estado

             presente para darle la bienvenida.


               Una ristra de vagonetas entró con estrépito en el atrio

             de  la  de  recuperación,  y  antes  de  que  llegara  a


             detenerse, la senadora Sharon se levantó pataleando y

             enarcando sombríamente las cejas.

               - ¡Mírenle! ‐ ¡si no es varón! ‐ chilló, todavía bajo los


             efectos  de  la  quíntuple  sesión  que  Aristide  había

             dispuesto con esmero para ella.


               Otro  fallo  de  Aristide.  Una  de  las  órdenes

             terminantes  de  la  condesa  era  la  de  arrancar  a  la

             senadora  del  reservado  que  se  le  había  destinado  y


             abandonarla  a  la  noche  troglodítica  mucho  antes  de

             que  empezara  la  fiesta  propiamente  dicha,  de  lo

             contrario la temperamental mujer, una vez satisfechos


             los apetitos con sus cinco amantes, se pasaría el resto



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