Page 225 - Un caso de conciencia -James Blish
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A la sazón se había congregado en el subsuelo una

             nutrida  asistencia,  pese  a  lo  cual  Aristide  distaba


             mucho  de  estar  satisfecho.  Había  despedido  ya  con

             cajas destempladas a varios de los lacayos encargados

             de atender a los invitados en las plantas inferiores. En


             su  interior  un  sutil  mecanismo  emocional  le  decía

             cuándo una fiesta iba por mal camino, y esta intuición

             había encendido la lucecilla roja de su alarma mucho


             antes de que llegara aquel momento. En particular, la

             arribada  del  invitado  de  honor  constituyó  un

             estrepitoso  fracaso.  La  condesa  no  estaba  allí  para


             recibirle, ni tampoco sus veladores u otros huéspedes

             de alcurnia que habían acudido con el exclusivo objeto


             de trabar contacto con el invitado de honor. En cuanto

             a éste, había provocado en Aristide un pánico cerval

             que  le  había  puesto  en  evidencia  ante  toda  la


             servidumbre.

               Aristide se sentía profundamente humillado ante el


             miedo que le atenazaba, pero la cosa no tenia remedio.

             Se le había instruido para que proveyera lo necesario

             para  dar  acogida  al  monstruo,  pero  no  a  uno  como


             aquél:  una  criatura  que  media  bastante  más  de  tres

             metros,  un  reptil  que  tenia  los  andares  de  un  ser

             humano  más  que  el  caminar  de  un  canguro,  un  ser


             cuya enorme boca se contraía en aparatosas sonrisas,



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