Page 741 - Anatema - Neal Stephenson
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arrancar hierba. Aquí arriba son peor que inútiles. Pero tú
podrías mantenerme con vida. ¿Cómo vas a salir de ahí?
Durante 3.700 años habíamos vivido con la prohibición
de poseer nada excepto el paño, el cordón y la esfera. Se
habían escrito estantes enteros de libros sobre los usos
ingeniosos que ciertos avotos, al encontrarse en
circunstancias delicadas, habían dado a esos objetos.
Muchos de los trucos tenían nombre: el Trinquete de Sante
Ablavan, el Artilugio de Ramgad, el Fra Ocioso. Yo no era
un experto, pero, de más jóvenes, Jesry y yo habíamos
leído algunos de esos libros y practicado algunos de sus
trucos. Por pura diversión.
Los cordones y el paño estaban fabricados con el mismo
material: una fibra que se retorcía en una hélice compacta,
más corta, abultada y elástica, o se desenrollaba formando
un filamento liso, largo, fino y rígido. En invierno
decíamos a las fibras de los paños que se retorciesen. Se
acortaban mucho, para que el paño fuese más grueso y
más cálido gracias a las burbujas de aire atrapadas. En
verano, las enderezábamos y los paños se volvían largos y
finos. De la misma forma, el cordón podía ser grueso como
la lana o fino como un hilo.
Hice que la esfera tuviese más o menos el tamaño de mi
cabeza y la envolví en el paño, que até con el cordón.
Luego hice crecer la esfera y dejé que el paño se
expandiese con ella. El conjunto se encajó entre las
paredes. Podía subir, pero no bajar, porque la grieta era
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