Page 83 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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dispuesto a seguirla, pero se mostraba sorprendido y un

         tanto  nervioso.  En  la  puerta  se  detuvo  un  momento,

         vacilante, como si Comarre le gustara bien poco y, menos


         todavía, el robot que, silenciosamente, parecía esperarle.

                Con paciencia, Peyton le ordenó que siguiera al robot.

         Repitió sus observaciones con palabras distintas hasta que


         tuvo  la  seguridad  de  que  la  fiera  le  había  comprendido.

         Seguidamente  habló  con  el  autómata  y  le  ordenó  que

         condujera al león a la cámara de control. Observó durante

         unos  momentos  para  cerciorarse  de  que  Leo  seguía  al


         robot. Cuando vio que era así, tuvo unas palabras de ánimo

         y abandonó la visión de la extraña pareja.

                Se sintió muy desilusionado cuando comprobó que no

         podía  ver  lo  que  ocurría  dentro  de  ninguna  de  las


         habitaciones  sobre  las  que  aparecía  el  emblema  de  la

         amapola. Estaban protegidas contra el rayo de la visión a

         distancia o los controles de enfoque del rayo habían sido


         colocados  de  tal  manera  que  el  monovisor  no  podía  ser

         usado para penetrar en aquella área.

                Pero no se desanimó. Los dormidos serían despertados

         aunque fuera con el mismo duro método con que le habían


         despertado a él. Después de haber penetrado en el mundo

         íntimo y privado de sus mentes y conciencias, sentía poca

         simpatía por ellos y sólo el sentido del deber le impelía a

         despertarles.  Realmente  no  se  merecían  la  menor


         consideración.




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