Page 82 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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había estado preguntando cómo podría salir de allí. Aun

         cuando lograra poner en funcionamiento el transmisor de

         materia en sentido inverso, la perspectiva no le agradaba.


         Prefería un simple movimiento físico, aunque fuese pasado

         de moda.

                Las  entradas  estaban  todas  bloqueadas  y  por  un


         momento el desánimo se apoderó de él. Luego comenzó a

         buscar un robot. Después de un rato descubrió uno gemelo

         del malogrado A‐Cinco que marchaba sobre sus ruedas por

         uno de los pasillos con destino a quién sabe qué misterioso


         encargo.  Con  satisfacción  vio  que  el  robot  obedecía  sus

         órdenes y abría una de las puertas de la ciudad.

                Peyton dirigió de nuevo el rayo al otro lado del muro

         y enfocó el punto de contacto como a un metro de distancia


         de Leo. Seguidamente llamó suavemente:

                —¡Leo!

                El animal alzó la cabeza sorprendido.


                —¡Hola, Leo! Soy yo, Peyton.

                Extrañado  el  león  se  puso  en  pie  y  dio  unos  pasos

         describiendo un círculo en torno al lugar de donde brotaba

         la voz.


                Después  pareció  perder  el  interés  y  con  aire  de

         desaliento se dejó caer de nuevo en el suelo.

                Con  una  gran  paciencia  y  no  menos  capacidad  de

         persuasión, Peyton llegó a hacer que el león se aproximara


         a la entrada. El animal había reconocido su voz y parecía




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