Page 85 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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tenía casi unos dos metros de altura y descansaba sobre una
docena de ruedas neumáticas muy gruesas. De distintas
partes de su chasis de metal se proyectaban en varias
direcciones tentáculos, brazos, varillas y otros mecanismos
más difíciles de describir. En dos lugares, grupos de
miembros se ocupaban en desmantelar o reparar algunos
aparatos.
En silencio Peyton calibró la capacidad de su oponente.
Se trataba, obviamente, de un robot de elevada categoría.
Había utilizado la violencia física contra él y ningún robot
puede utilizar la violencia contra un ser humano, aunque
puede negarse a obedecer sus órdenes. Sólo bajo el control
directo de una mente humana puede un robot llevar a cabo
un acto semejante. Eso significaba que en la ciudad de
Comarre había vida, vida consciente y que le era hostil.
—¿Quién es usted? —exclamó Peyton, pero no
dirigiéndose al robot sino a la inteligencia controladora que
debía haber tras él.
Sin dejar pasar tiempo perceptible, la máquina le
respondió en un tono preciso y con voz automática que no
parecía simplemente la reproducción amplificada de las
palabras de un ser humano.
—El Ingeniero.
—En ese caso, venga aquí y deje que lo vea.
—Ya me está viendo.
Fue el tono no humano de la voz, al menos tanto como
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