Page 86 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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las  palabras  en  sí,  lo  que  hizo  que  la  furia de  Peyton  se

         disipara  por  un  momento  y  fuera  sustituida  por  un

         sentimiento de maravillada incredulidad. No había ningún


         ser humano controlando esa máquina. Era tan automática

         como cualquier otro robot de los que había en la ciudad,

         pero, contrariamente a éstos y a todos los robots del mundo


         que Peyton había conocido, tenía su propia voluntad y su

         propia consciencia.






























































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