Page 662 - LIBRO DE ACTAS-II-JORINVEDUC-2016
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histórico; así como las posiciones adoptadas y recursos movilizados por los diferentes actores,
incluido el estado, para resolverlo, un simultaneo y dialéctico juego de fuerzas entre factores
estructurales y superestructurales.
La formación del Estado supone de esta manera, la conformación de la instancia política que
articula la dominación en la sociedad y la materialización en un conjunto interdependiente de
instituciones que permiten su ejercicio.
La existencia del Estado se verifica entonces a partir del desarrollo de un conjunto de
atributos que definen la estatidad:
Capacidad de externalizar su poder, obteniendo reconocimiento como unidad soberana dentro
de un sistema de relaciones interestatales.
Capacidad de institucionalizar su autoridad, imponiendo una estructura de relaciones de poder
que garantice su monopolio sobre los medios organizados de coerción.
Capacidad de diferenciar su control, a través de la creación de un conjunto funcionalmente
diferenciado de instituciones públicas con reconocida legitimidad para extraer recursos de la
sociedad civil, con profesionalización de sus funcionarios y control centralizado sobre sus
variadas actividades.
Capacidad de internalizar una identidad colectiva, mediante la emisión de símbolos que
refuerzan sentimientos de pertenencia y solidaridad, los cuales permiten el control ideológico
como mecanismo de dominación.
Estos atributos, elementos no definen a cualquier Estado, sino a un Estado Nacional; de esta
manera la estatidad no puede desvincularse del tema del surgimiento de la Nación. El carácter
abstracto y material del Estado posee un cierto paralelismo con el concepto de Nación, donde
también se conjugan elementos materiales e ideales.
Los primeros se vinculan con el desarrollo de intereses resultantes de la diferenciación e
integración de la actividad económica dentro de un espacio territorialmente delimitado; los segundos
implican la difusión de símbolos, valores y sentimientos de pertenencia a una comunidad
diferenciada por tradiciones, etnias, lenguaje u otros factores de integración que configuran una
identidad colectiva, es decir una personalidad común.
Podemos decir entonces que el Estado Nacional surge en relación a una sociedad civil que
tampoco ha adquirido el carácter de sociedad nacional. La formación del estado nacional es el
resultado de un proceso convergente, aunque no univoco de constitución de una nación y un sistema
de dominación.
La existencia del Estado deviene entonces, de un proceso formativo a través del cual va
adquiriendo características, atributos que forman parte de un desarrollo histórico, dialéctico, una
arena de negociación y conflicto en el cual se dirimen diferentes intereses sociales.
Si pensamos en el proceso de formación del Estado Nacional Argentino, el proceso de
emancipación se inicia en 1810, con la ruptura del yugo de la colonia española; no obstante, ello no
significó la automática suplantación del estado colonial por un estado nacional.
Los débiles aparatos del periodo independentista estaban constituidos por un conjunto
reducido de instituciones locales, cabildos municipios; a ese aparato primitivo, le sucedieron órganos
políticos (juntas, triunviratos, directorios) con los que se intentó sustituir el sistema de dominación
colonial. Sin embargo, esos intentos fracasaron por los distintos intereses en juego y desembocaron
en largos periodos de enfrentamientos regionales y guerras civiles.
Hacía falta un aparato articulador de las relaciones sociales, garante del orden, que pudiera
homogeneizar las heterogeneidades apropiándose y convirtiendo los intereses civiles en intereses
comunes. “El Estado Nacional aparecía como la única instancia capaz de movilizar los recursos y crear
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