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Esto se vio acompañado por un proceso de secularización de las costumbres; donde el estado
               pasaba a controlar los aspectos fundamentales de la vida, marcando la separación del Estado y la
               Iglesia, el matrimonio civil, la primera Ley de divorcio; la secularización de los cementerios y la Ley
               1420  de Enseñanza Laica; todo ello resaltaba el monopolio del poder político del Estado.
                   El orden y  el progreso eran la cuestión privilegiada; por lo tanto, el incipiente estado debía hacer
               desaparecer las convulsiones intestinas e institucionalizar su autoridad imponiéndose como aparato
               de  represión  y  control  social.  Los  cuerpos  del  ejército  nacional  asumieron  el  poder  legítimo  de
               coerción y estaban distribuidos a lo largo de todo el país.
                   Otro  atributo  es  la  emergencia  de  un  conjunto  funcionalmente  diferenciado  de  instituciones
               públicas  relativamente  autónomas  respecto  de  la  sociedad  civil;  con  cierto  grado  de
               profesionalización de sus funciones y de control centralizado sobre sus actividades. Éste se desarrolla
               con  la  profesionalización  del  ejército  y  la  abolición  de  las  milicias  provinciales,  el  registro  civil;
               también, el Banco Nacional con sus distintas sucursales, los tribunales de la justicia federal, la oficina
               de  inmigración,  de  estadísticas,  de  patentes  y  el  conjunto  de  dependencias  de  rentas,  aduana,
               contabilidad y tesorería. Sin dejar de lado la creación en 1881 del Consejo Nacional de Educación que
               administraba y centralizaba la educación primaria.
                   Podemos  también,  vincular  los  conceptos  teóricos  de  Bidart  Campos  con  este  proceso  de
               construcción  social,  donde  el  Estado  la  “forma  política  de  organización  de  la  convivencia
               territorialmente compartida” iba definiendo y delimitando sus elementos, “la población, el territorio,
               el poder y el gobierno.” 391
                   La  realidad  originaria,  el  hombre,  en  convivencia  con  otros  hombres  dentro  de  un  espacio
               territorial determinado “Provincias Unidas”, se iba organizando en busca de un fin, para satisfacer
               las necesidades comunes que hacen a esa convivencia. Para obtener ese fin se requería la existencia
               de  una  jefatura,  una  autoridad  con  poder  que  asuma  la  dirección.  Este  proceso  de  organización
               política se fue gestando desde los movimientos independentistas con los órganos primitivos hasta la
               consolidación  del  Estado  como  instancia  superior  de  articulación  de  las  relaciones  sociales.  Los
               intereses del estado fueron sustituyendo los intereses civiles, en busca del fin propio del Estado que
               es el Bien Común Público, que no era particular ni parcial, sino que estaba dispuesto a satisfacer todas
               las necesidades de la convivencia general.
                   En este sentido los intereses de los sectores del interior y del puerto se fueron unificando con la
               existencia  del  Estado,  fueron  tomando  dirección  a  través  de  la  agenda  pública  del  mismo,  que
               adquiría con la federalización de Buenos Aires, la centralidad política, delimitando su territorio y
               estableciendo  un  gobierno  republicano,  representativo  y  federal  sostenido  en  la  constitución
               nacional de 1853.
                   Para cerrar con los atributos del estado, el último, la capacidad de internalizar una identidad
               colectiva;  es la  cobra  importancia en  nuestro  trabajo  en  relación a  la penetración  ideológica  del
               Estado nacional. La cual implica lograr que en la conciencia común de la sociedad se instalen ciertas
               creencias, valores hasta convertirlos en componentes propios de la conciencia colectiva, generar ese
               sentido de pertenencia a una comunidad, crear una conciencia nacional que se identifica por sus
               tradiciones, lenguaje, símbolos y la adhesión natural al orden social vigente.

               De este modo, el control sobre el culto, el matrimonio civil y el servicio militar obligatorio y por
               sobretodo  la  educación  constituyó  un  vehículo  privilegiado  en  el  marco  de  la  estrategia  de
               penetración ideológica del Estado. En palabras de Tedesco: “los grupos dirigentes asignaron a la
               educación una función política y no una función económica vinculada meramente a la formación de





               391  Bidart Campos, G. (2002) Lecciones Elementales de Política.
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