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tecnologías en el aula, resultando producciones muy cercanas a las que ellos consumen y producen
               fuera del ámbito escolar.
                      Por otro lado, la obra recogida y reformulada en formato digital permite visualizarla de otro
               modo, esto es, en otra calidad material, lo cual incluye otra carga de significados. El formato digital
               provoca  versiones  diferenciadas  de  imágenes  bidimensionales  logradas  con  procedimientos
               tradicionales  (dibujo,  pintura,  etc),  básicamente  porque  las  relaciones  formales  (producto  de  la
               sintaxis  de  los  elementos  del  lenguaje  plástico  que  permiten  la  concreción  de  la  imagen)  se
               manifiestan por fuera de la materialidad propia de dichos procedimientos, adquiriendo los rasgos de
               lo digital, que intensifica de modo peculiar la posibilidad expresiva de cada elemento formal (línea,
               forma,  color,  etc)  derivándolo  a  otra  dimensión  diferente  de  lo  logrado  “manualmente”.  No  se
               pretende  desde  estas  reflexiones  establecer  juicios  de  valor  sobre  cada  soporte  material,  sino
               encontrar la relevancia que puede significar en el contexto de una clase, el uso particular de ellos. En
               este sentido, es importante destacar dentro del ambiente en el cual se llevó a cabo esta experiencia,
               a las estudiantes involucradas,  adolescentes, usuarios competentes de las nuevas tecnologías de la
               información y la comunicación y hábiles manipuladores de imágenes digitales, para los cuales resulta
               altamente significativa la transformación de imágenes de distinto soporte, la experimentación con
               otra materialidad, su reproducción y su inclusión en el  formato de otro tipo de iconicidad.
                      Se trataba de plantear un interrogante, un conflicto, una tensión que no se develaba de modo
               explícito en el momento inicial, sino que se generaban en el desarrollo de la obra, a través de la
               selección y despliegue de aquellas capacidades personales necesarias para resolver el problema que
               planteaba el proceso productivo. Sin embargo, el conflicto presentaba un anclaje desde lo afectivo,
               algo con lo cual lasestudiantes se sentían identificadas y en este caso la producción de una imagen
               constituyó “una cuestión de negociación cualitativa” (Eisner ,1994) 455 .
               En  este  sentido,  el  límite  de  la  experiencia  artística  y  la  posibilidad  de  operar  con  un  sistema
               simbólico en relación a la construcción de sentido está dado por el uso de dicho sistema, por la carga
               simbólica que se pueda imprimir en un objeto, en una materialidad, pero también en la lectura que
               se pueda hacer de los discursos que portan otros objetos simbólicos. Estas posibilidades están en
               gran medida implícitas en la vida de las aulas, en la materialidad que circula y se manipula en ellas.
                      Esa materialidad de los productos culturales, densa y compleja como herencia, se actualiza
               en la interpretación, en el desentrañar los sentidos velados, que resultan enigmáticos porque fueron
               amasados  según  otras  lógicas.  Dicha  actualización,  en  términos  de  experiencia  de  aprendizaje
               artístico, resulta totalmente relevante puesto que representa la posibilidad de la conjetura, de la
               pregunta hacia lo que se tiene internalizado, con lo que se puede operar intelectualmentey construir
               algo a partir de él. Y en este sentido, el currículo como selección de valores, espacio de poder y de
               conocimiento,  que  estructura  las  prácticas  de  transmisión  institucionalizadas,  puede  entenderse
               como  posibilidad  de  modelar  la  conciencia,  no  para asumir  lo  establecido,  sino justamente  para
               cuestionarlo.
                      En la experiencia de la práctica, los estudiantes aceptaron el desafío de movilizar visiones
               estructuradas  de  las  artes,  una  organización  del  repertorio  artístico  basada  en  un  abordaje
               cronológico  que  inscribe  una  perspectiva  de  evolución  de  movimientos,  estilo,  obras.  Dicha
               perspectiva  responde  a  la  idea  de  progreso  de  la  modernidad  que  imprime  la  idea  de  que  toda
               producción artística supera en el devenir histórico a otras obras generadas en el pasado.
               Una comprensión más amplia de los procesos culturales y la posibilidad de intervenir en ellos, exige
               superar  esta  perspectiva.  Asimismo,  implica  que  los  sujetos  puedan  operar  con  los  sistemas
               simbólicos contemplando los contextos históricos en los cuales se generan, pero proponiendo nuevas
               claves de lectura, apropiación e intervención a partir de los dispositivos actuales, esto es los modos
               actuales de interactuar con la cultura.



               455 Eisner, E. (1994). Cognición y curriculum. Una visión nueva. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
                                                                                                              795
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