Page 415 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


               —No  salgas  —dijo  Marta,  nerviosamente—.  No

            salgas.


               —Salʹr aprʹsa, o matamos tʹdos.


               —Adiós, Marta —dijo Sergio—. Si no nos volvemos


            a ver... procura salvarte, y decirle a Edy...


               —¡Aprʹsa!  —aulló  el  mandril,  dándole  a  Sergio  un

            fuerte golpe en las costillas con la contera de la lanza.

            El otro le cogió por un brazo y le arrastró fuera, con


            una fuerza hercúlea. Vio Sergio el rostro de Marta tras

            las  rejas,  y  escuchó  un  grito  cuando  el  carcelero

            introdujo  brutalmente  su  lanza  entre  dos  bambúes.


            Luego, dos manos callosas, que se cerraban sobre sus

            brazos con la fuerza de una prensa, le arrastraron.


               El  exterior  de  la  celda  se  abría  en  una  bóveda  de


            piedra  de  cuyo  techo  colgaban  anchos  penachos  de

            musgo chorreante. Al fondo, en la semioscuridad, lejos


            de  una  antorcha  lagrimeante  de  resina,  había  una

            figura  alta,  cubierta  por  un  velo  gris.  Sin  mirarle,  la

            figura  velada  se  volvió  y  se  perdió  en  las  sombras,


            mientras los dos mandriles, mirando golosamente al

            prisionero,  le  arreaban  hacia  adelante.  Uno  de  ellos

            deslizó  una  mano  sucia  con  grandes  uñas  amarillas


            para palpar las escuálidas carnes del brazo de Sergio,

            clavando los dedos en el ya dolorido músculo. Sergio

            reprimió a duras penas un grito.




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