Page 100 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 100
lino, reforzadas con piel de hiena. Ésta, al parecer,
alejaba los relámpagos, y dada la altura de los mástiles
bien convenía llevar alguna protección contra el arma
del señor del Olimpo.
—¿Por qué demonios quieres atracar? —preguntó
Calias—. ¿Es que te espera alguna putilla en tierra?
Hermolao respiró hondo antes de responder.
—Pasada la ciudad de Cerio, la costa es mucho más
escarpada y nos resultará difícil encontrar una playa lo
bastante grande para la Anfítrite y el resto de la flotilla.
—Ahora tenemos viento favorable —dijo Calias—.
¿Qué pasa si lo desaprovechamos hoy, y mañana
cambia y nos empieza a soplar de proa? Tardaremos
cuatro o cinco días más en llegar. ¡Y eso me dejará en
muy mal lugar!
—Peor lugar es el fondo del mar —dijo Hermolao
en tono lúgubre—. No me gusta nada esta calima. Si el
líbico empieza a soplar fuerte de verdad, vamos a
arrepentimos de no habernos refugiado en un puerto.
—No seas cobarde. Esta nave no la podría hundir ni
Poseidón.
—Cuidado con desafiar a los dioses —dijo Sófocles.
Un par de marineros que fingían colocar unos cabos
mientras husmeaban la conversación se agarraron los
testículos para ahuyentar la mala suerte.
100

