Page 102 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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cabra de Sicilia. Boeto era un hombre mayor que él, un
cascarrabias que andaba algo encorvado y siempre se
quejaba de la espalda, pero que nunca aceptaba los
cuidados de Néstor. No era su esclavo, aunque mucha
gente lo pensara así. Cuando encontraron a Néstor
tendido en la sala del oráculo de Delfos, Boeto
trabajaba como empleado de mantenimiento del
templo. Después, puesto que no tenía hijos y se llevaba
muy mal con su mujer y sus hermanas (las de ella y las
de él), se había ofrecido ante las autoridades de la
Anfictionía para acompañarlo en el largo viaje a
Babilonia y ayudarle a cumplir el destino que Apolo
parecía haberle encomendado.
Desde entonces estaban juntos. A sus cincuenta y
tantos años, Boeto había descubierto los placeres de
hacer prácticamente lo que le daba la gana, pues Néstor
era un jefe poco exigente. Además, no tenía que hablar
si no le apetecía, veía mundo y, sobre todo, se acostaba
con todas las prostitutas que se le antojaban, pues a su
edad había salido muy putero.
—El barco se menea cada vez más —comentó ahora.
Lo que menos le gustaba de los viajes era navegar; dos
años antes habían sufrido una travesía muy
accidentada de Rodas a Tera y aun se acordaba.
—Es posible que luego se mueva aún más. Te
recomiendo que comas unas galletas para hacer fondo
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