Page 103 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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de estómago. Así tendrás algo que vomitar.
Boeto rezongó algo ininteligible y salió del
camarote. No había persona en el mundo que hiciera
menos caso de los consejos médicos de Néstor que él.
Néstor siguió escribiendo mientras daba cuenta de
su frugal almuerzo. Lo apuntaba todo constantemente
porque tenía miedo de volver a perder la memoria y
que todo lo que había vivido en los últimos seis arios,
que para él eran los únicos de su vida, se esfumara.
Ignoraba su edad, pero calculaba que podía frisar en
los cuarenta y cinco. ¿Cuántos arios podían quedarle?
¿Quince, veinte, veinticinco si tenía mucha suerte? En
cualquier caso, el vacío oscuro y desconocido que
cargaba a sus espaldas era mucho mayor que lo que le
aguardaba por delante. Sentía que los dioses le habían
estafado la mayor parte de su vida, y cuando se
despertaba por las mañanas lo primero que hacía era
pasar revista rápidamente a los seis arios que atesoraba
y comprobar que no los había perdido también. Soy
Néstor, se repetía, y como no podía añadir como serias
de identidad hijo de tal ni natural de tal ciudad, añadía:
Soy el médico de Alejandro, el hombre que le salvó la
vida en Babilonia.
Por eso no se limitaba a tomar notas sobre lo que
veía, sino que escribía comentarios sobre lo que él
mismo hacía, las personas a las que iba conociendo y
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