Page 99 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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largas: el primer día atracaron en Regio, a la salida del

            estrecho que separaba Sicilia de Italia, y la última noche


            la  habían  pasado  en  la  pequeña  ciudad  minera  de

            Temesa.


                  —Aunque tardemos un día más, deberíamos pasar


            la  noche  en  Cerio  —dijo  el  capitán,  señalando  hacia

            estribor, donde se intuían unos picos entre la bruma

            blancuzca  que  enturbiaba  el  aire—.  Al  norte  de  esas


            montañas, el valle del río Laos entra hasta el mar y en

            su desembocadura se abre una playa muy amplia. Es

            un buen sitio para atracar.


                  —¡De ninguna manera! —exclamó Callas, que venía


            de vuelta. Tras empujar a unos marineros para abrirse

            paso y dirigir una breve mirada de hostilidad a Néstor,


            le  dijo  a  Hermolao—:  Vamos  a  seguir,  y  esta  misma

            noche llegaremos a Posidonia. ¡Alejandro se quedará

            impresionado cuando vea que sólo hemos tardado tres


            días! Vamos a demostrarle que los barcos fabricados en

            Siracusa son rápidos como el rayo.


                  A Hermolao, que no sólo no era siracusano sino ni


            siquiera de Sicilia, aquel comentario no pareció hacerle

            gracia.


                  —No conviene mencionar a Zeus en el reino de su

            hermano, y menos hablar de rayos en alta mar.



                  Néstor levantó la mirada hacia las enormes velas de




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