Page 101 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—Soy  el  capitán  de  esta  nave  —dijo  Hermolao,

            frunciendo  sus  pobladas  cejas—,  y  mi  primera


            preocupación es su seguridad. Es su primera travesía y

            aún  no  sabemos  hasta  qué  punto  una  estructura  tan

            pesada puede resistir un oleaje turne. ¿Es que quieres


            echar a pique una inversión de trescientos talentos?


                  Casi dos millones de dracmas, calculó Néstor. Por

            intervenir en la discusión, comentó: —Yo me fiaría de


            él. Como bien ha dicho, es el capitán.


                  Calias se volvió hacia él y estuvo a punto de clavarle

            un dedo en el pecho, pero se arrepintió y se conformó

            con agitar el índice en el aire.



                  —Cuando  necesite  tu  opinión,  Compañero,  te  la

            pediré. —Se volvió hacia Hermolao—. Sí, tú serás el

            capitán, pero Agatocles me ha confiado a mí el mando


            de la expedición, y desde ahora mismo te digo que no

            vamos a estropear el viaje inaugural de este monstruo


            de  los  mares  porque  tú  seas  un  pusilánime.  ¡Al

            atardecer  la  Anfítrite  entrará  con  todos  sus  faroles

            encendidos en el puerto de Posidonia, y no se hable


            más!


                  Néstor se dedicó a apuntar unos cuantos datos más

            sobre  la  Anfítrite  mientras  bebía  una  jarra  de  vino

            aguado. Su sirviente, Boeto, que aunque se llamaba así


            no era de Beocia sino de la Fócide, le puso delante una

            bandeja de dátiles de Egipto junto con pan y queso de


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