Page 96 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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me  acuerdo,  fui  yo  quien  le  salvó.  ¡Cómo  se  me  ha

            podido olvidar, si me nombró Compañero Real para


            recompensarme! Callas se quedó con la boca abierta y

            la  barbilla  en  alto;  era  evidente  que  se  quedaba  con

            ganas de decir algo devastador, pero no se le ocurría.


            Sófocles acudió en su ayuda.


                  —Calias, te presento a Néstor, el médico.


                  Néstor, el médico, vocalizaron los labios de Calias,

            sin llegar a emitir ningún sonido. Después se limitó a


            saludarle  con  una  somera  inclinación  de  cabeza  y

            agarró  el  brazo  de  Clea.  —¿Puedo  hablar  contigo,

            sobrina? —dijo, tirando de ella.



                  Clea  se  sacudió  su  mano  de  encima,  pero  los

            soldados de la escolta de su tío ya se habían puesto a

            su  espalda  y  caminaban  casi  empujándola,  de  modo


            que  se  vio  conducida  hacia  la  popa  sin  poder

            despedirse de Néstor.


                  —¿Se  puede  saber  qué  haces  andando  sola  por


            cubierta? —la regañó Calias, acercándose tanto que su

            saliva le salpicaba. Clea se apartó un poco.


                  —Ya has visto que no estaba sola.


                  —Me  da  igual.  No  es  una  conducta  decorosa.


            ¡Ahora eres la mujer de Alejandro! —Tú lo has dicho,

            tío. Soy la mujer de Alejandro. Es él quien me tiene que

            controlar, no tú. —De momento, y hasta que no te deje




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