Page 95 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Clea se volvió. Se estaba acercando su tío Calias, el
hermano de la difunta madre de Clea. Venía
discutiendo algo con Hermolao, el capitán de la nave,
un tarentino achaparrado y barbudo que aseguraba
conocer las aguas del sur de Italia como la palma de su
mano, y con Sófocles, el oficial macedonio que
mandaba las tropas de infantería.
Al ver a Clea en cubierta hablando con un hombre,
Calias torció el gesto. Era un hombre de piernas
zambas, hombros escurridos y la barbilla siempre
levantada como si se la quisiera clavar a alguien.
—¿Quién eres tú? —espetó sin más preámbulos,
dirigiéndose a Néstor—. ¿Qué haces hablando con la
esposa de Alejandro?
Clea se tapó la boca para no responder, pues tenía
curiosidad por ver cómo reaccionaba Néstor.
Le observó de reojo y comprendió lo que debía estar
pensando Calias. La túnica del médico, aunque tejida
en buen lino, tenía los bordes deshilachados; el cuero
cuarteado del cinturón y de las sandalias pedía a gritos
un reemplazo; y en cuanto al sombrero de paja, parecía
que lo hubiese mordisqueado una cabra.
—Alejandro —dijo Nestor, entornando los ojos—.
Me suena el nombre. ¿Te refieres al rey macedonio al
que alguien le salvó la vida en Babilonia? Ahora que
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