Page 107 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 107

un sudor pegajoso y sofocante, mezclado con el hedor

            pungente de la orina. Aquella cubierta estaba atestada.


            A  la  derecha  de  Néstor,  en  el  costado  de  babor,  los

            remos se sucedían hasta perderse en la penumbra de la

            zona de proa, y en cada uno bogaban cuatro hombres


            cubiertos tan sólo con taparrabos y pegados codo con

            codo.  Al  contrario  que  en  las  trirremes,  donde  cada


            hombre se encargaba de su propio remo y lo manejaba

            sin levantarse del banco, aquí era obligatorio que los

            remeros  se  levantaran,  pues  cuanto  más  alejados


            estaban  del  costado  de  la  nave,  mayor  se  hacía  el

            ángulo  que  debían  barrer.  Los  remos  de  la  Anfitrite

            eran tan largos y pesaban tanto que para equilibrarlos


            habían lastrado con plomo el extremo interior. Era allí

            donde estaban los remeros de primera, bogadores con

            larga  experiencia  en  trirremes  y  otros  barcos  de


            combate,  que  dirigían  los  movimientos  de  sus

            compañeros y a cambio cobraban el doble que ellos.


            Para  clavar  el  remo  tenían  que  ponerse  de  pie,

            adelantarse  y  subir  a  unos  pequeños  peldaños  que

            tenían frente a ellos; después, con gran profusión de


            auummpff, bajaban los brazos, tiraban hacia atrás hasta

            llegar al banco y se sentaban de nuevo. La tarea era tan


            agotadora  que  cada  poco  tiempo  los  remeros  que  se

            sentaban  ociosos  en  los  bancos  de  estribor  se

            levantaban para relevar a sus compañeros.





                                                              107
   102   103   104   105   106   107   108   109   110   111   112