Page 112 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 112

—Tú mismo has dicho que era mejor ir a la orilla —

            le dijo Callas.


                  —¡Demasiado tarde! Ya te dije que a partir de Laos


            la costa era demasiado escarpada. —El capitán señaló

            hacia  delante,  donde  una  masa  más  oscura  se


            destacaba del borrón alargado de la costa—. No sé si

            eso es el cabo Pixunte, el Palinuro o el promontorio de

            Sirenusas.


                  —¿Es que no sabes dónde estás? —preguntó Calias,


            indignado.


                  —¡Sé dónde estoy, pero no a qué altura! —Néstor no

            veía la diferencia, pero no dijo nada. Hermolao añadió,


            dirigiéndose  a  un  oficial  de  proa—.  Tú,  ordena  al

            cómitre  que  recojan  los  remos  y  cierren  las

            columbarias. Es inútil seguir bogando.



                  —¡No! —gritó Calias, con el rostro desencajado—.

            ¡Tenemos que ir a tierra!


                  El  silbido  del  viento  tenía  algo  de  enervante,  de

            eléctrico. Empezó a llover; con el agua caía un barrillo


            anaranjado  que  arañaba  la  piel.  Néstor  levantó  la

            mirada haciéndose visera con la mano para que aquel

            polvo no le entrara en los ojos. Las nubes no estaban


            aún sobre sus cabezas, pero el viento era tan fuerte que

            arrastraba la lluvia sobre ellos casi en horizontal.


                  Néstor volvió a mirar hacia estribor. Cada vez era




                                                              112
   107   108   109   110   111   112   113   114   115   116   117