Page 113 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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más difícil ver las demás naves, pues la flota se estaba
dispersando y el aire se llenaba de espuma.
—¡Lo que tenemos que hacer es apartarnos de la
costa! —insistió Hermolao—. Esta nave es demasiado
grande.
Néstor se acercó haciendo equilibrios y se agarró a
un estay. El estómago le pedía darle la razón a Callas y
buscar el amparo de la tierra firme. Pero la cabeza le
decía que el capitán tenía razón.
—Hay que ganar fondo. —El piloto apoyó a
Hermolao—. Si seguimos yendo a estribor, el líbico nos
mandará contra la costa de sotavento y no tendremos
espacio para remontar.
—¿Entonces qué vamos a hacer? —preguntó Callas,
entre blanco y ceniciento.
—¡No tenemos más remedio que cabalgar sobre la
tormenta! —le contestó Hermolao, gritando cada vez
más para hacerse oír por encima del viento.
A Callas no le debió sonar bien, porque salió
corriendo hacia la amura; pero antes de llegar a ella
resbaló, cayó de rodillas y vomitó sobre cubierta.
–Debería atenderle un médico —dijo Néstor—, pero
si me suelto de esta cuerda quizá se caiga el mástil, ¿no?
Hermolao le miró con una sonrisa feroz.
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