Page 164 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Euctemón  seguía  enfrascado  en  sus  órbitas.  Ni  mi

            hermano puede ser tan idiota, se dijo con desaliento.


            En el ejército ateniense la disciplina nunca había sido

            gran cosa, pero cuando uno se enrolaba en una unidad

            de  mercenarios  dirigida  por  el  general  más  hijo  de


            perra  de  todo  el  ejército  de  Alejandro,  había  que

            andarse  con  cuidado.  No  deberíamos  habernos


            alistado, se lamentó. Pero, ¿qué otra cosa podían hacer

            dos exiliados a los que se lo habían confiscado todo? En

            realidad,  él  se  las  apañaba  bien  en  el  ejército.  El


            problema era su hermano, pero no podía dejarlo solo.

            Incluso de la Academia lo habían echado a pesar de su

            talento.


                  Meleagro  ya  estaba  junto  a  ellos,  proyectando  su


            sombra sobre las esferas celestes, como un gran eclipse

            universal.


                  —¿Qué  es  eso  tan  interesante  que  estás  haciendo


            que no te levantas ante tu general, soldado?


                  —Señor, mi hermano no...


                  —¡Cállate!  —rugió  el  macedonio—.  Le  estoy

            hablando a él.


                  Lo  que  más  rabia  le  daba  a  Demetrio  era  que


            Euctemón ni siquiera estaba haciendo cálculos. Sólo los

            estaba repasando, literalmente, volviendo a hundir el


            palo aguzado que usaba como punzón en los surcos de




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