Page 177 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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pasado lo peor de la tormenta, si no cambia el viento

            tendremos  que  volver  dando  bordadas  muy  largas.


            Pero aunque empezara a soplar el etesio, la Anfítrite ha

            sufrido daños. Hay que reparar velas y jarcias.


                  —Eso se puede hacer rápido —comentó Sófocles.


                  —También  ha  entrado  agua  en  los  dos  cascos  —


            repuso Hermolao—. Sobre todo en el de babor.


                  Néstor observó entonces que, pese a que la posición

            de  la  vela  y  de  los  remos  maestros  debería  inclinar

            ligeramente el barco a estribor, estaba más bien vencido


            a babor.


                  —Tenemos algunos heridos abajo —dijo Sófocles—

            .Ya sé que no eres un cirujano de campaña, pero ¿te


            importaría  atenderlos?  —Deja  que  recoja  mis

            instrumentos y te acompaño.


                  La Anfítrite era tan grande que los habitantes del


            lugar  debían  haberla  divisado  a  muchos  estadios  de

            distancia. Cuando llegaron a la playa les esperaba una

            tropa más bien desorganizada y anárquica: debían de


            ser  unos  doscientos  hombres,  de  los  cuales  algunos

            portaban  escudos  y  yelmos,  pero  la  mayoría  venían

            armados  tan  sólo  con  arcos,  hondas  o  jabalinas.


            Mientras  los  marineros  echaban  las  anclas  a  medio

            estadio de la orilla, Sófocles ordenó montar las piezas


            de  las  catapultas,  que  habían  desmantelado  para




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