Page 181 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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de  una  acrópolis.  Calculó  que  podía  tardar  media

            ampolleta del reloj de arena en llegar hasta allí, pero


            cuando se estaba dando la vuelta para comentárselo al

            jefe de fila que mandaba la patrulla, descubrió con el

            rabillo del ojo algo que brillaba en los pantanos. No era


            un reflejo en el agua: aquel destello se movía.


                  —Yo también lo veo. Hay más allí a la izquierda,

            mira  —dijo  el  soldado  con  su  tosco  acento  de


            montañés.


                  Casi toda la infantería de sarisas que habían traído

            provenía de Almopia, una de las regiones más agrestes

            de  Macedonia.  Eran  tipos  duros,  unidos  no  sólo  por


            lazos de sangre sino de camaradería. Aunque algunos

            sólo  habían  combatido  en  las  campañas  de  Grecia  y


            Escitia, más de la mitad eran veteranos de Asia que,

            luchando como asthétaroi en Sangala bajo el mando de

            Pérdicas, habían ganado para sus compañías el rango


            de pezétaroi, «Compañeros de a pie», el máximo honor

            al que podían aspirar los soldados de infantería.


                  —¿Qué  crees  que  puede  ser?  —preguntó  Néstor,


            aunque  sospechaba  la  respuesta.  —Puntas  de  lanza.

            ¿Te juegas algo, médico?


                  —No suelo apostar contra soldados en cuestiones

            militares.



                  El jefe de filas levantó el banderín y lo agitó en el




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