Page 179 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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sobre todo en el de babor, cuya quilla, para colmo, se
había torcido.
—Es el problema de construir la quilla en varias
piezas —dijo Hermolao, meneando la cabeza.
Con los desperfectos sufridos por el velamen y el
cordaje se podía navegar, pero no así con los del casco:
tal como estaba el mar, la nave se iría a pique mucho
antes de llegar a Posidonia. Si querían carenarla y
reparar la quilla, las cuadernas y los baos tendrían que
arreglárselas para construir un dique seco, dado que su
tamaño impedía vararla en la playa.
Por la noche improvisaron un campamento sin
encender hogueras, pues no querían llamar aún más la
atención. Mientras Sófocles hablaba con los capitanes y
los jefes de fila de sus dos compañías, Hermolao
deliberaba con gesto grave con sus oficiales. Néstor,
que había terminado de atender a los heridos y había
limpiado y recogido su instrumental con la ayuda de
Boeto, se quedó un rato sentado en la arena,
observando a los demás. Clea y sus esclavas se habían
encerrado en una tienda de campaña, la más espaciosa
de las cinco que llevaban a bordo. La joven debía
sentirse avergonzada por la debilidad mostrada la
noche anterior. Al entrar en la tienda había mirado a
Néstor de reojo sin decirle nada, y no había vuelto a
solicitar su presencia.
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