Page 183 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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seguían. El jefe de la patrulla debía haber decidido que,

            una vez avistado  el enemigo,  sus hombres eran más


            necesarios  abajo  con  el  resto  de  los  compañeros.

            Cuando  llegaron  a  la  playa  todo  eran  preparativos

            apresurados.  Mientras  los  capitanes  de  las  dos


            compañías  de  hoplitas  organizaban  a  sus  hombres,

            Sófocles,  Hermolao  y  Callas  discutían  en  un  rápido


            conciliábulo.


                  —No da tiempo a desmontar las catapultas, traerlas

            hasta la orilla y volverlas a montar —argüía  Sófocles,

            ante la insistencia de Calias—. Lucharemos a la vieja


            usanza.


                  —Me  parece  muy  bien  que  tú  luches  a  la  vieja

            usanza, pero mientras, nosotros nos alejaremos de la


            orilla  con  la  Anfítrite  —dijo  Callas,  y  dirigiéndose  a

            una esclava de Clea gritó—: ¡Tú, dile a mi sobrina que

            salga de la tienda de una vez! ¡Volvemos al barco!



                  —Ya te he dicho que la nave no está en condiciones

            de navegar —le dijo Hermolao—. Es más seguro que os

            quedéis aquí.


                  —¡No me vengas ahora con patrañas! ¿Es que tienes


            miedo?


                  —¿Y es que tú no lo entiendes? —Hermolao señaló

            hacia el mar. En la zona de playa guarecida por la masa


            del promontorio las olas no rompían con tanta fuerza,




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