Page 188 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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decisión, no le suelen hacer preguntas.
Además, sabía lo que estaba pensando cada uno de
los hombres de Calias. Por mí, que le partan la crisma
a ese chalado.
Sófocles había enviado a los arqueros hacia una
estrecha lengua de tierra que se extendía entre la
albufera y la cara norte del promontorio, con órdenes
de vigilar a los romanos. De momento, éstos no se
habían acercado más. Tan sólo un par de jinetes se
habían aventurado a inspeccionar la zona, pero habían
vuelto grupas al primer silbido de las flechas. Siendo
tan pocos como parecían, no las debían de tener todas
consigo.
Los macedonios ultimaban sus preparativos con la
rapidez que les daba la práctica, entre resoplidos,
chasquidos de metal y crujidos de cuero doblado. Los
que iban a combatir en las primeras filas se abrocharon
las corazas de placas o los coseletes de cuero hervido
reforzados con pectorales de metal; en cuanto a los que
luchaban al final de la formación, la mayoría usaban
petos blancos de capas de lino prensado, con escamas
de blindaje adicional cosidas a la derecha, en el lado
que el escudo dejaba desprotegido. Después se
colgaron en el costado izquierdo las espadas cortas que
usaban como armas secundarias; muchos de ellos
llevaban cópides, alfanjes de hoja curva y un solo filo,
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