Page 190 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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codos de arma proyectándose hacia delante. Cuando

            Filipo,  el  padre  de  Alejandro,  hizo  que  sus  hombres


            adoptaran aquella larguísima pica, tuvo que sustituir

            el escudo que hasta entonces llevaban por otro broquel

            más ligero y pequeño. Ahora, cuando el soldado se lo


            colgaba  del  cuello  con  la  correa  que  llevaba  en

            bandolera, pasaba el brazo izquierdo por los asideros


            de la cara interior y agarraba la sarisa en posición de

            combate, el escudo quedaba atravesado delante de su

            cuerpo y le cubría el tórax, pero a cambio dejaba las


            piernas y las ingles desprotegidas. En cualquier caso, la

            mejor  defensa  de  los  pezétaroi  eran  sus  sarisas,  que

            mantenían al enemigo a distancia: hacían falta redaños


            para colarse entre las puntas de la primera fila, pues

            antes de llegar al  cuerpo a cuerpo el adversario aún

            tenía que enfrentarse a las puntas de la segunda fila de


            infantes, y después a las de la tercera y la cuarta. La

            falange de sarisas era un enorme erizo acorazado, lento


            pero imparable.


                  Sófocles despachó a los artilleros para que ayudaran

            a  los  mercenarios  en  la  defensa  del  campamento  y


            después ordenó a las dos compañías de hoplitas que se

            desplegaran en sendos rectángulos de treinta y dos de

            frente por ocho de fondo. Normalmente cada unidad


            formaba un cuadrado de dieciséis por dieciséis, pero

            con  tan  pocas  tropas  prefería  cubrir  un  frente  más




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