Page 191 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 191
amplio a cambio de perder profundidad.
—¡DEEEE... FRENTE!
Sin necesidad de flautas ni timbales, los macedonios
caminaron marcando el paso; sus pies producían un
ruido curioso al hundirse en la arena, un crujido áspero
y amortiguado que en el silencio con que avanzaba la
falange sonaba aún más amenazador. Pronto llegaron
al campo de batalla elegido, una explanada de algo
menos de un estadio de ancho que se abría entre la
laguna y los escarpes del propio Circeo.
Mientras los soldados se armaban, Sófocles había
sacrificado un cabrito. Tras examinar los lóbulos del
hígado, el experto en aruspicina le había dicho que los
dioses aconsejaban una táctica defensiva. A Sófocles le
pareció que aquella lengua de tierra era el mejor sitio
para mantener su posición, pues el promontorio
protegía su flanco derecho y el agua, aunque fuese más
bien somera, el izquierdo; de esa forma cerraban el
paso a la playa donde habían dejado a los civiles con el
equipaje.
—¡AAAAAL...TO!
Néstor se encaramó a unas rocas pegadas a la
ladera, unos cincuenta pasos por detrás de la falange.
Allí disponía de un punto de vista muy ventajoso, y
ataviado con su sombrero de viaje y su báculo se sentía
191

