Page 194 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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más altas e imponentes. «¡Honor...!, ¡... salvación...!, ¡...

            bárbaros...!» A Néstor le llegaban palabras sueltas de la


            soflama. «¡...proteger a la esposa de Alejandro...!» Era

            buena idea mencionarla. Alejandro no estaba presente,

            pero su nombre infundía aún más valor que el vino, y


            de paso se recordaba a los soldados que, si luchaban

            por Agatoclea y evitaban que cayese en poder de los


            enemigos, el rey sabría recompensarlos.


                  Los  romanos  también  habían  formado  su  frente,

            aunque las lanzas que sobresalían de sus escudos no

            eran  ni  mucho  menos  tan  largas.  Un  jinete  con  una


            cimera  roja  pasaba  delante  de  ellos  sobre  un  caballo

            blanco; sin duda les estaba arengando a su vez. Néstor

            se preguntó qué les estaría diciendo para animarles a


            que  corrieran  a  ensartarse  en  las  sarisas  macedonias

            que habían conquistado la mitad del orbe conocido.


                  Ahora  lo  habitual  era  que  ambos  ejércitos


            avanzaran lentamente al encuentro hasta encontrarse

            más o menos a un estadio, donde se hacía otra parada.


            Pero  Sófocles,  que  estaba  a  la  defensiva  y  tenía  los

            flancos  cubiertos,  lo  que  de  momento  hacía  inútil  la

            caballería del enemigo, no se movió.


                  —Esos cabrones tampoco dan un paso —dijo Boeto.


                  —A lo mejor están esperando refuerzos.



                  —Si  es  eso,  entonces  habría  que  atacarles  ahora




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