Page 198 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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poco y dispararon un par de andanadas; los romanos

            se  encorvaron  tras  sus  escudos  y  apenas  sufrieron


            bajas.  Cuando  estaban  a  menos  de  un  estadio  de

            distancia,  se  decidieron  a  cargar,  aunque  no  como

            Néstor se esperaba. La línea del frente se quebró, no de


            forma irregular, sino siguiendo un esquema entrenado

            a  conciencia.  Tres  formaciones  se  desgajaron  de  las


            demás en damero, empezando por el ala derecha, y se

            lanzaron al paso ligero mientras que las otras tres se

            quedaban un poco rezagadas. Los romanos lanzaron


            su grito de guerra, y su alarido no fue menos sonoro

            que el de los griegos:


                  —MARS ET QUIRINE! ROMA VICTRIX!


                  Esto me da mala espina, pensó Néstor. Una acción


            tan  contraria  a  la  lógica  militar  debía  tener  algún

            motivo.  Las  formaciones  de  infantería  de  línea

            intentaban no ofrecer huecos, pues los costados eran su


            punto  más  vulnerable  y  resultaba  preferible

            protegerlos  con  los  cuerpos  y  los  escudos  de  los


            compañeros  que  dejarlos  al  descubierto.  Pero  era

            evidente que a los romanos no les importaba romper

            su propia falange. Corrieron con los escudos en alto,


            cubriéndose  de  las  flechas  que  les  disparaban  los

            arqueros griegos, y sólo tres o cuatro de ellos cayeron

            al suelo. Después, cuando llegaron a unos treinta pasos


            de las sarisas, se oyó una orden seca.



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