Page 201 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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entre los árboles que crecían en el arranque de la
ladera, con la evidente intención de sorprender a los
romanos por la espalda. Pero los jinetes vieron de lejos
la maniobra y cargaron contra ellos, seguidos por
veinte o treinta de sus escaramuceros. Cayeron dos
romanos de caballería, pero a cambio dieron cuenta de
ocho arqueros. Uno de los jinetes levantó su lanza en el
aire mostrando como trofeo los intestinos de un
enemigo ensartados en su moharra, y aquello terminó
de desbaratar a los griegos, que se retiraron tras la
espesura.
Volvieron a sonar las tubas de metal, y Néstor y
Boeto devolvieron su atención al campo de batalla
principal. Los legionarios estaban retrocediendo. Lo
hacían en buen orden, sin dar la espalda a los
enemigos. Entre insultos y baladronadas, se retiraron a
unos treinta pasos de distancia arrastrando con ellos a
sus heridos. Los macedonios también recularon unos
pasos para dejar los cuerpos de los caídos en la parte
de terreno que debían recorrer los romanos si querían
volver a atacar. Néstor trató de calcular las bajas.
Aunque no era fácil diferenciar los cuerpos de unos y
otros, cubiertos de polvo y entremezclados en
postreros abrazos, le pareció que los romanos muertos
no llegaban a diez, mientras que los macedonios
triplicaban esa cifra.
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