Page 225 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—¿Te has traído a los niños?


                  —No pretenderías que los dejara en Macedonia con

            la intrigante de su abuela. Quiero que reciban ejemplos


            mejores que los de mi madre.


                  Pérdicas abrió los ojos y torció el cuello hacia atrás.


                  —¿Olimpia está en Pela? Yo la dejé en el Epiro. ¿Qué

            demonios hace en...?


                  Cleopatra le tapó la boca con una mano, y con la


            otra  se  soltó  los  broches  de  la  túnica.  Un  segundo

            después estaba dentro de la bañera.


                  Después  de  hacer  el  amor,  ella  se  quedó  un  rato


            sentada sobre su regazo, chapoteando en el agua como

            una  niña.  Al  verla  sonreír,  Pérdicas  la  abrazó  y  se


            apretó contra ella.


                  —¿Eres feliz? —le dijo Cleopatra.


                  —Qué              preguntas               haces           —respondió                   él,

            separándose de su cuerpo lo justo para poder hablar—

            . Claro que lo soy. Gracias a ti.



                  —Sabes a qué me refiero. Tú nunca estás satisfecho

            del todo, Pérdicas.


                  —¿Debería estarlo? Un hombre que se precie ha de


            ser ambicioso.


                  —Pero no tanto. Deberías conformarte más con lo

            que  tienes.  Pertenecemos  a  la  clase  que  gobierna




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