Page 230 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 230
Un cachorro de perro que no debía tener más de un
mes vino correteando torpemente hacia ellos. Pérdicas
se agachó y acarició el lomo de aquella bolita de pelo
pardo con el hocico negro.
—Es muy bonito, Berenice.
En ese momento sonaron unos trompetazos en el
exterior, acompañados por aplausos y aclamaciones.
Aún con su hija en brazos, Pérdicas salió a la puerta de
la casa, seguido por Cleopatra, los otros dos niños y
varios esclavos que querían curiosear.
Por la amplia avenida que venía desde el templo de
Atenea bajaba una espectacular cabalgata. Formados
de cuatro en fondo, varios cientos de caballeros
desfilaban cubiertos con pesados blindajes. Muchos
cubrían sus cuerpos con cotas de malla, otros con
corazas de placas de hierro o de bronce, o con ambas
piezas a la vez, y bajo los yelmos empenachados
llevaban alpartaces de anillos metálicos entretejidos.
En los brazos y las piernas llevaban laureas
segmentadas y unidas de tal forma que pudieran
doblar las articulaciones, e incluso sus manos y sus pies
iban protegidos por guanteletes y botas de metal.
Puesto que con tal armadura no necesitaban cargar con
un escudo, su arma ofensiva era una pesada lanza que
empuñaban con ambas manos, y de sus cintos colgaban
espadas largas, mazas o hachas por si la lanza se
230

