Page 233 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 233

multitud que se había congregado en la avenida, venía

            Oxibaces, hijo del sátrapa Oxiartes, a quien Pérdicas no


            veía desde hacía muchos años.


                  Pero  las  mayores  aclamaciones  se  las  llevó  una

            mujer que cabalgaba a lomos de un hermoso caballo


            blanco con las crines trenzadas. Su capa, recamada con

            millares de lentejuelas de oro, caía sobre las ancas del

            corcel,  pero  no  era  aquella  ostentosa  prenda  lo  que


            atraía las miradas de los vecinos de Posidonia, sino la

            espectacular belleza de la propia mujer.


                  —¿Quién es? —preguntó Cleopatra.


                  Pérdicas, sintiendo que un reguero de sudor frío le


            resbalaba por la espalda, contestó:


                  —Roxana.


                  Aunque había hablado casi en susurros, la bactriana

            se volvió hacia él como si hubiera oído sus palabras.


            Subido  a  los  escalones  de  la  entrada,  los  ojos  de

            Pérdicas quedaban casi a la altura de los de Roxana.

            Ella  le  sonrió  y  sus  dientes  blanquísimos  brillaron


            fugazmente  contra  su  rostro  moreno.  Pérdicas

            comprendió  entonces  que  el  encanecimiento  de  sus

            cabellos no había bastado para aplacar a las Erinias. Su


            pasado había vuelto a él allí, en Posidonia.











                                                              233
   228   229   230   231   232   233   234   235   236   237   238