Page 231 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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rompía.
Pero lo que más llamaba la atención de aquellos
jinetes eran los caballos, unos animales de gran alzada
y muy robustos. Tenían que serlo, pues no sólo
cargaban con el peso de sus jinetes, sino también con el
de sus propios blindajes. Estaban provistos de gruesos
petos de fieltro recubiertos con lamas de bronce que les
llegaban hasta los corvejones y se unían con las testeras
de placas que les protegían la cabeza.
—¿Quiénes son? —preguntó Cleopatra, agarrando
de la mano a su esposo.
—Catafractos —respondió él—. Son nobles partos y
bactrianos. Los caballos que montan son niseos y
turanios, los más grandes del mundo.
—Pero no son más grandes que Amauro —dijo
Neoptólemo, refiriéndose al corcel negro de Alejandro.
Pérdicas le miró de reojo. No le gustaba la adoración
con la que el niño hablaba de su tío.
—Amauro también es un caballo niseano —le
explicó—. Se lo regaló su suegro Oxiartes.
Los jinetes seguían desfilando entre comentarios de
admiración de la gente que se alineaba a ambos lados
de la calle. Habían pulido a conciencia sus armaduras,
y las lamas de los petos de los caballos refulgían como
oro. Aunque marchaban en silencio, el estrépito de
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