Page 232 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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miles de piezas de metal al entrechocar recordaba al
repicar de una herrería. Sobre sus largas lanzas
ondeaban estandartes con la estrella de Alejandro, pero
también con el disco solar alado de Ahura Mazda y
otros blasones orientales.
—¿Los catafractos pueden a los Compañeros? —
preguntó Neoptólemo.
—De ninguna manera —respondió Pérdicas—.
Esos caballeros son más vistosos que eficaces. Sus
corceles son muy fuertes, pero ten en cuenta que cargan
casi con diez talentos de peso entre el jinete y su propia
armadura. Ponlos a correr más de cuatro estadios y
verás qué pronto se caen de bruces con la lengua fuera.
Con todo, Pérdicas debía reconocer que el
espectáculo que brindaban aquellos guerreros del Este
era impresionante. Ignoraba que Alejandro había
decidido recurrir a aquel refuerzo, pero sospechaba
que se lo reservaba para asestar un golpe psicológico a
la infantería enemiga cuando llegara el momento.
Los vítores se reduplicaron. En el centro de la
formación venían cuatro caballeros montados en
corceles gigantescos cuyas testeras estaban rematadas
con cuernos de metal que los hacían parecer bestias
mitológicas, y las armaduras de sus jinetes brillaban
aún más espléndidas que las de los demás catafractos.
Entre ellos, a cabeza descubierta y saludando a la
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