Page 237 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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caído en sus manos dos días después de que la carta de
Julia le informase de que Lila estaba cada vez peor. Era
evidente que se trataba de un mensaje del destino. Pero
Gayo sabía que debía poner de su parte todo lo posible
y llegar a la ciudad antes de que su hermana pequeña
muriese.
Tras atravesar los pantanos, rodeados por nubes de
mosquitos que no dejaban de atosigarlos, llegaron a la
Vía Junia a la hora del almuerzo. Allí Gayo se reunió
con Apio Claudio y le traspasó el imperium. Su colega
en el tribunado escuchó el relato de la batalla con una
envidia que no se molestó en disimular, y después le
preguntó en tono seco por qué no había esperado a
recibir refuerzos.
—Porque eso habría supuesto cederte el mando a ti,
mi querido Claudio —contestó Gayo, dándole una
sonora palmada en el peto—, y conociéndote habrías
vuelto sin prisioneros macedonios, sin soldados y hasta
sin caballo. Ahora, procura no meterte en batallas en
estos dos meses y todo irá bien.
Claudio le miró con rabia, pero no dijo nada. Su
ineptitud como comandante era la comidilla de la
Segunda Legión, y él mismo era dolorosamente
consciente de que ni siquiera sabía organizar un
manípulo para la batalla con un mínimo de eficiencia.
Gayo le confió la mayor parte de los prisioneros
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