Page 238 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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para que los pusiera a trabajar en las obras de la Vía

            Junia, no sin antes anotar los nombres de todos ellos.


            Como vencedor de la batalla tenía derecho al expolio,

            aunque sabía que eso le traería quebraderos de cabeza

            con el cónsul Bubulco Bruto, que estaba al mando de la


            Segunda Legión. Pero se había jurado a sí mismo que,

            si  pretendía  quitarle  el  botín,  Bubulco  tendría  que


            arrebatárselo de sus dedos muertos. Una vez vendidos

            los esclavos, la intención de Gayo era repartir un tercio

            del  precio  obtenido  entre  los  soldados  que  habían


            participado en la batalla, entregar otro tercio al erario

            de  Roma  y  reservarse  para  sí  el  resto.  Sabía  que  no

            debía  demorar  demasiado  la  venta.  Calculaba  que


            ahora  podría  sacar  por  cabeza  unas  doscientas

            didracmas  de  plata  de  Neápolis,  pues  había  dado

            orden a sus hombres de no admitir los engorrosos ases


            fundidos con bronce romano. Pero cuando empezara

            de verdad la guerra contra Alejandro habría miles  y


            miles  de  cautivos  y  los  precios  bajarían.  Gayo,

            conociendo  la  proverbial  agresividad  del  rey

            macedonio,  estaba  seguro  de  que  dicha  guerra  iba  a


            estallar más temprano que tarde.


                  Las presas más suculentas las reservó para sí y se

            las llevó a Roma bajo la custodia de una centuria de


            astados,  otra  de  triarios  y  una  decuria  de  caballería.

            Había  escogido  a  los  diez  macedonios  más  altos  y




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