Page 239 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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gallardos de entre los supervivientes de la batalla para
exhibirlos al llegar a Roma, y, por supuesto, a la joven
siracusana y sus esclavas. Aquello sí que iba a ser un
golpe de efecto. «Allá va Gayo Julio —dirían— el
hombre que guarda en su poder a la esposa de
Alejandro.» Lástima que el rey tuviese cuatro esposas
más, lo que rebajaba un tanto el valor de su presa; si
nadie lo preguntaba en Roma, no sería él quien lo
dijera.
Pero para él la pieza más valiosa era Néstor. Se
había convencido a sí mismo de que el médico le iba a
traer buena suerte, de que iba a ser su talismán del
mismo modo que lo había sido para Alejandro. Sólo
necesitaba recibir una señal más de los dioses. Si ese
hombre salva a Lila, se decía mientras cabalgaba hacia
Roma, quiere decir que todo irá bien a partir de ahora.
Que todo fuera bien para Gayo significaba colmar
sus ambiciones. No era un empeño minúsculo, ya que
aspiraba a lo máximo que un romano podía alcanzar:
convertirse en el primer ciudadano de la República.
Debido a la decadencia de su gens, Gayo no poseía los
recursos necesarios para labrarse una reputación entre
sus compañeros patricios ni tampoco entre los
plebeyos. Sin las riquezas o las extensas fincas que
poseía, por ejemplo, su cuñado Escipión, no podía
celebrar fiestas tan espléndidas como él, y era
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