Page 240 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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ofreciendo esos banquetes multitudinarios como se
podía granjear la reputación de gran hombre que
necesitaba para medrar.
Otra forma de ascender era convertirse en patrono
de un ejército de clientes, como Papirio, al que muchos
senadores postulaban como dictador para dirigir la
guerra contra Alejandro. Pero los clientes que Gayo
había heredado de su abuelo y de su padre eran escasos
y de poca influencia.
La única posibilidad que le quedaba para
encaramarse a lo más alto de la República era
demostrar su valía en el campo de batalla. Mas también
era tarea complicada, ya que para asumir el mando de
una legión tenía que convertirse en cónsul, cargo que
resultaba prohibitivo para sus arcas. A veces, cuando
pensaba que su única forma de llegar a cónsul era
obtener una gran victoria y que para alcanzar esa
victoria tenía que ser cónsul antes, se encerraba en su
alcoba y lloraba de rabia mordiendo la almohada y
maldiciendo el círculo vicioso en el que le había
encerrado el destino.
Lo que más le desesperaba era saber que había
nacido para la guerra. Lo había descubierto en la
escuela más dura para los jóvenes romanos, la calle,
donde a fuerza de golpes y pedradas aprendían la
agresividad y el talante competitivo que ya no les
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