Page 30 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—¿Has elegido ya a la chica? —susurró.


                  —Sí —contestó Epiboas. Los demás guardaespaldas

            eran masagetas que no entendían mucho de griego y


            aún menos del dialecto macedonio—. Es una babilonia

            llamada  Nina.  El  oro  la  vuelve  loca.  Ya  la  hemos


            pringado  en  un  par  de  cosas  que  le  podrían  costar

            ambas manos. Tendrá que decir que sí.


                  —Quiero que te encargues tú en persona. Casandro

            saldrá de Babilonia al amanecer, así que será un buen


            momento para que hables con ella.


                  —Sí, general.


                  Casandro  era  el  mejor  candidato  para  fabricar  la

            coartada  por  dos  razones.  En  primer  lugar,  cuando


            Alejandro bebiera el veneno llevaría ya dos días fuera

            de Babilonia y no podría negar su implicación. El plan


            era que Epiboas se hiciera pasar por Casandro cuando

            hablara  con  Nina  y  le  diera  la  visharnushti.  De  ese

            modo, si descubrían a la muchacha y ella revelaba el


            nombre  de  Casandro,  nunca  podría  carearse  con  él

            para desdecirse, pues ya se ocuparía el propio Pérdicas

            de que Nina no sobreviviera al interrogatorio.


                  En  segundo  lugar,  el  hijo  de  Antípatro  era  el


            sospechoso perfecto. Él y Alejandro nunca se habían

            llevado bien. Ya tuvieron roces cuando estudiaban en


            los  Jardines  de  Midas  con  Aristóteles,  y  los  años  de




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