Page 301 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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se  levantó,  cerró  las  tapas  de  cuero  del  cuaderno  y

            anudó la cinta verde que las rodeaba.


                  —¿Hasta qué punto es interesante? —preguntó—.


            ¿Merece la pena una caminata nocturna?


                  —Estoy seguro de que en cuanto volvamos querrás

            anotarlo en tu libro.


                  Néstor  se  calzó  las  botas,  se  apretó  el  cinturón  y


            buscó  el  sombrero  entre  sus  cosas,  pero  Gayo  le

            aseguró que regresarían antes de que saliera el sol. Para

            entonces  ya  se  habían  reunido  a  su  alrededor  tres


            équites  de  la  decuria  de  caballería,  uno  de  los

            centuriones y cinco jóvenes legionarios. Los miembros


            de la pequeña comitiva salieron del campamento por la

            puerta de la empalizada, recorrieron unos quinientos

            pasos por la calzada y después la abandonaron para


            desviarse hacia la derecha.


                  —Conozco bien esta zona —le dijo Gayo a Néstor—

            . Poseo una finca más al norte, en Túsculo. Pero es la


            primera  vez  que  tengo  ocasión  de  presenciar  lo  que

            vamos a ver hoy.


                  —¿Qué va a pasar?


                  —Vamos a asistir a una coronación. Laureatio regis


            nemorensis —añadió en latín.


                  A la luz de la luna y de Ícaro recorrieron un sendero

            de tierra apisonada entre las tapias de dos predios, y



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