Page 303 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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o miel. Pero el secreto de que esa comarca mantuviera

            a  tantos  habitantes  residía  más  bien  en  la  tozudez  y


            organización  de  los  romanos  y  en  su  habilidad  casi

            innata como ingenieros.


                  Poco  después  tomaron  otro  desvío  y  el  camino


            empezó a ascender en una suave pendiente. Frente a

            ellos se levantaba la oscura masa de un monte de cima

            aplanada. Gayo le dijo que aquél era el monte Albano,


            donde se encontraba la ciudad de la que procedían sus

            ancestros. Pero ahora nadie conocía a ciencia cierta el

            emplazamiento de Alba, pues Tulo Hostilio, el tercer


            rey  de  Roma,  la  había  hecho  arrasar  hasta  los

            cimientos.


                  —A  los  reyes  les  encanta  arrasar  ciudades  —


            comentó como de pasada. Néstor comprendió que se

            refería  a  Alejandro—.  Tebas,  Tiro,  Persépolis,

            Damasco... Pero tu señor puede estar seguro de que no


            hará lo mismo con Roma.


                  Ahora no había muros a los lados, pues caminaban

            por  praderas  comunales.  A  lo  lejos  se  oían  voces,


            cánticos confusos. Poco después el sendero descrestó

            una loma y el panorama se abrió ante ellos. A sus pies

            se extendía un lago de aguas oscuras cuya forma casi


            circular  revelaba  que  en  algún  momento  del  pasado

            había sido el cráter de un volcán; Néstor comprendió

            ahora  la  forma  achatada  del  monte  Albano,  que  se



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