Page 309 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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deslizó  por  detrás  de  él  y  pasó  de  largo.  No  se  oyó

            nada,  pero  el  prisionero  cayó  al  suelo  soltando  la


            espada, extendió el brazo para rozar la base del árbol y

            ya no se movió más.


                  La  sombra  se  adelantó  hacia  el  círculo  de  las


            antorchas.  Era  un  hombre  delgado,  de  estatura

            mediana  y  trenzas  que  le  caían  sobre  los  hombros.

            Vestía  una  túnica  de  lana  hasta  las  rodillas  e  iba


            descalzo.  Néstor  pensó  que  tenía  los  andares

            silenciosos y amenazantes de un león. Se detuvo a unos

            diez pasos de ellos, con los brazos caídos y la espada


            apuntando al suelo.


                  —¿Éste es el Rey del Bosque? —preguntó Néstor,

            agachando un poco la cabeza para hablarle al oído a


            Gayo.


                  —Sí. Para convertirse en Rey del Bosque y sacerdote

            de este santuario hay que asesinar al anterior. Pero el


            que lo hace sabe que, tarde o temprano, llegará otro

            hombre que arrancará la rama de muérdago del roble

            y le matará en duelo.


                  —¿Así que ese hombre mató a alguien para ocupar


            ese puesto?


                  —Hace seis años. Desde entonces nadie ha logrado

            desbancarlo.


                  —¿Quién quiere ser Rey del Bosque sabiendo que




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