Page 311 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 311
—Diana no va a permitir esto. Tienen que ir de uno
en uno. Debemos impedirlo. Gayo esbozó una sonrisa
malévola.
—Deja que la diosa demuestre quién es su favorito,
Gémino.
Los seis hombres, tipos jóvenes, nervudos y de
mirada torva, se reunieron en corrillo y empezaron a
cuchichear, envalentonados al verse juntos. Néstor se
apartó un poco, temiendo que ahora sí decidieran huir
abriéndose paso por la fuerza en vez de afrontar el
riesgo y el dudoso honor de que alguno de ellos se
convirtiera en Rey del Bosque.
—¡Entrad ahora mismo al círculo!
Como si hubieran oído el chasquido de un látigo,
los prisioneros abrieron el corro y se enderezaron.
Néstor no había oído a Gayo Julio utilizar aquel tono
hasta entonces, pero incluso él sintió una corriente
eléctrica que le atravesaba la espalda y le obligaba a
enderezarse como un centinela sorprendido en plena
siesta. El tribuno parecía de pronto más alto y más
grande, como un caballo que hinchara el cuerpo para
impresionar a otros sementales. Todo el mundo se calló
por un instante, y los seis candidatos al sacerdocio de
Diana atravesaron a regañadientes el anillo de
antorchas.
311

