Page 317 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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resaltaban como surcos en la corteza de un árbol. No

            tenía ninguna cicatriz, y ahora tampoco había recibido


            ninguna herida. Ni siquiera la sangre de sus víctimas

            le había salpicado.


                  Más  tarde,  en  el  campamento,  los  que  habían


            presenciado  el  fallido  intento  de  derrocar  al  Rey  del

            Bosque  se  sentaron  alrededor  de  una  hoguera,

            hablando en susurros para no despertar a los demás. El


            poco sueño que pudiera tener Néstor lo había perdido

            del  todo.  Sabía  que  al  día  siguiente  se  arrepentiría

            cuando las piernas empezaran a flaquearle a mitad de


            la jornada, pero no iba a dar a esos romanos el placer

            de demostrar que era más débil que ellos.


                  A  la  luz  de  la  luna  y  del  cometa,  que  ya  bajaban


            hacia  el  oeste,  los  soldados  y  el  médico  contaron

            sucesos  como  el  que  acababan  de  presenciar,

            experiencias extrañas que ellos mismos habían vivido


            o escuchado de otros. Aunque Néstor entendía buena

            parte  de  lo  que  estaba  escuchando,  Gayo  se  lo  iba


            traduciendo. Se habló de prodigios de todo tipo: vacas

            que parían cerdos y cerdas que parían terneros, niños

            que nacían con escamas de peces, lluvias de ranas, de


            piedras y de sangre, estatuas que hablaban, lloraban o

            incluso se bajaban del pedestal y pasaban una noche

            entera deambulando fuera de su templo, apariciones


            de faunos y ninfas, conjuros, brujerías y aojos diversos.



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